Cuando escribí sobre Klout, podías conectar varios perfiles sociales y recibir una puntuación entre cero y cien. La mía era 58 en aquel momento. Klout también clasificaba a los usuarios y les atribuía temas en los que supuestamente influían. Era tentador interpretar el resultado como una medida objetiva del alcance.
¿Qué medía?
La cifra respondía a señales visibles, como interacciones y redes de otros usuarios. Eso quizá diga algo sobre la difusión en una plataforma, pero mucho menos sobre la calidad de las ideas. En el artículo original llegué a sugerir que la puntuación ayudaba a juzgar si un posible socio era fiable. Esa conclusión iba demasiado lejos. Una cifra de actividad social no demuestra carácter, conocimientos ni solvencia profesional.
Klout muestra una trampa más amplia: cuando una cualidad compleja se convierte en un solo número, las diferencias entre personas parecen más claras de lo que son. Para colaborar, examina trabajos pertinentes, referencias y una conversación. El alcance puede importar, pero solo responde a una pregunta.
Una mirada histórica
Klout anunció el cierre de su web y su puntuación en mayo de 2018. Ya no puedes utilizar aquella cifra. El ejemplo histórico sigue siendo útil porque otros indicadores aún invitan a conclusiones rápidas. Pregunta siempre qué datos sostienen una métrica y para qué decisión piensas usarla.
