En 2012 ofrecí durante unos días mi libro electrónico sobre creación de sitios web a cambio de un tuit o mensaje en Facebook. Mi lista de correo tuvo primero acceso y algunas personas compartieron la acción. Según mi cálculo, los tuits tenían un alcance potencial conjunto de 19.175 cuentas. También escribí que conseguí varios cientos de inscripciones. Fueron resultados de aquella campaña, no una previsión para otra.
Empieza por una oferta valiosa
El libro tenía un tema claro y el acceso temporal daba una razón para verlo. Pedir que se comparta solo tiene sentido si la persona entiende qué recibe y por qué interesaría a sus contactos. Nunca pidas una recomendación que alguien no quiera hacer. Un mensaje que parece un pago puede ser menos creíble que una recomendación sincera.
Los lectores existentes dieron el primer impulso. Sus seguidores vieron el mensaje y algunos lo compartieron. Así puede crecer la difusión. Sin embargo, el número de seguidores que podrían verlo dice poco sobre cuántos lo vieron, leyeron o encontraron útil el libro. La antigua idea de «viralidad» necesita esa distinción.
Mide el resultado buscado
Antes de organizar una acción, decide si te importan las descargas, los nuevos contactos o el uso real del material. Explica las condiciones y cómo se utilizarán los correos. Pedir un libro no implica necesariamente autorizar cualquier mensaje posterior; adapta el registro a las normas aplicables al público.
El caso de 2012 muestra que una oferta útil, un primer grupo adecuado y un mensaje fácil de compartir pueden generar alcance. El resultado dependerá del contenido, el momento y la audiencia.