Después de un seminario sobre marketing por correo escribí un resumen de las normas neerlandesas contra el spam. Mencionaba a OPTA, una multa antigua y varias excepciones. Para tomar una decisión hoy prefiero la explicación de la ACM, la autoridad actual.
El consentimiento es el punto de partida
Como regla general, los mensajes electrónicos comerciales se envían a quienes los aceptaron conscientemente con anterioridad. Explica para qué dan permiso y conserva prueba de la elección. Una casilla premarcada o una cláusula escondida en las condiciones no cumplen ese criterio. Identifica claramente al remitente.
La ACM señala una excepción para clientes existentes: puedes escribirles sobre productos o servicios propios relacionados con una compra anterior. Eso no autoriza a mandar anuncios a cualquiera que rellenó un formulario de contacto o encuesta. Cada mensaje necesita una forma rápida y gratuita de darse de baja.
Socios y reenvío
Ten cuidado con las direcciones recibidas mediante socios o afiliados. Determina quién obtuvo el consentimiento y para qué remitente y contenido. Entregar una lista no transfiere automáticamente el permiso. La ACM también fija condiciones para las funciones de recomendación: la persona debe decidir reenviar sin recompensa y los datos del destinatario no deben guardarse para campañas posteriores.
Mi antiguo artículo acertaba en el principio de consentimiento, pero empleaba nombres institucionales caducados y frases demasiado generales. Antes de una campaña, consulta a la ACM y documenta tu propio proceso de inscripción.