El correo puede dividir un día en trozos pequeños. Una notificación te invita a leer un mensaje y después vuelves al trabajo. Más tarde abres el mismo mensaje para responderlo. En mi artículo original lo llamaba trabajo duplicado y proponía una dieta de correo.
Concierta una cita con tu bandeja
Entonces reservaba tres bloques de quince minutos: a las diez de la mañana, a las dos de la tarde y a las seis. En cada bloque leía y respondía cuando podía. Entre ellos mantenía cerrada la bandeja. No era una regla universal; era una forma de mantener la atención en la tarea.
Si necesitas estar localizable con rapidez, elige otras horas o acuerda un canal para los asuntos urgentes. Un mensaje corriente no tiene por qué reclamar la misma atención inmediata que una emergencia. Explica a colegas o clientes qué pueden esperar, para que un ritmo de correo más tranquilo no parezca silencio.
Incluye el teléfono
Cerrar el navegador sirve de poco si el teléfono vibra por cada correo. Desactiva las notificaciones automáticas o decide qué remitentes merecen una alerta. Durante cada bloque, toma una decisión: responder, convertir en tarea o borrar. Una dieta de correo no implica trabajar con menos cuidado, sino dar a la bandeja un momento deliberado del día.