Facebook era para mí una forma fácil de saber qué hacían mis amigos. Pero también me sorprendía entrando varias veces al día y descubriendo que había pasado media hora. En mi artículo original describía un experimento: no iniciar sesión durante una semana para ver qué echaba realmente de menos.
Observa tu propio hábito
Cuando volví, comprobé que había perdido pocas cosas importantes. Eso no significa que Facebook cumpla la misma función para todos. Algunas personas organizan allí actividades con familiares o grupos. La pregunta útil es cuánto tiempo quieres dedicarle y si abrir la app es una elección consciente.
Decidí entonces mirarlo una vez al día. Cerrar sesión después añadía un pequeño obstáculo a volver sin pensar. Ya reservaba horarios para el correo y apliqué la misma idea a otras redes. La frecuencia adecuada es personal. Un momento fijo permite seguir a los amigos sin reaccionar a cada publicación en cuanto aparece.
Haz una prueba pequeña
Durante unos días, observa cuándo recurres automáticamente a la aplicación. Desactiva avisos que no exijan actuar, elige una hora para ponerte al día y comprueba qué echaste realmente de menos. No tienes que demostrar que las redes son malas. Se trata de decidir cuándo prestar atención a amigos o noticias y cuándo prefieres hacer otra cosa.