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Muestra lo que aporta tu trabajo con un caso de cliente

En una página de servicios puedes explicar lo bueno que es tu trabajo. A veces hace falta. Pero quien la visita quiere saber, sobre todo, si has ayudado a alguien con un problema parecido al suyo. Un caso relevante puede responder a esa pregunta.

Cuando hacía sitios web para clientes en 2016, a veces les escribía después de la entrega para preguntarles cómo habían vivido el trabajo. Publicaba sus respuestas en mi web. En una página sobre tiendas online, por ejemplo, prefería mostrar una opinión sobre una tienda online antes que una recomendación general sobre mí. Me parecía lógico: cuanto más se parece el ejemplo a la consulta del visitante, más fácil le resulta valorar si puedo ayudarle.

Un elogio todavía no es un caso

Una opinión breve puede dar confianza, pero normalmente cuenta poco sobre el encargo. «Fue un placer trabajar con él» suena bien. Aun así, el lector sigue sin saber qué había que hacer, qué decisiones se tomaron y qué se entregó.

No hace falta convertir el caso en una larga celebración. Basta con dar contexto para que el lector vea la relación con su propia situación:

  • ¿Quién era el cliente y a qué público se dirigía?
  • ¿Qué necesidad o limitación tenía?
  • ¿Qué creaste o cambiaste, y por qué?
  • ¿Qué puede ver o evaluar el visitante en el resultado?
  • ¿Qué dice el cliente sobre la colaboración?

No necesitas una respuesta espectacular para cada pregunta. Si no tienes un resultado medible, no lo inventes. Explicar con claridad una decisión puede ser más útil que afirmar, sin pruebas, que hubo crecimiento.

Coloca cada ejemplo donde corresponda

Un portafolio sirve a quien quiere explorar tu trabajo. En una página de un servicio concreto, un ejemplo del mismo ámbito puede explicar mejor lo que ofreces. Quien necesita un portafolio web probablemente busca algo distinto de quien quiere una tienda online. Un caso adecuado hace tangible tu oferta sin obligar al visitante a establecer la relación por su cuenta.

En aquel momento también usaba esas páginas al hablar con posibles clientes. Si alguien planteaba una consulta parecida, podía enviarle un ejemplo relevante. Es una razón sencilla para escribir un caso: mostrar lo que quieres decir en vez de limitarte a contarlo.

Pide un relato sincero

No pidas al cliente un gran elogio, sino comentarios concretos. ¿Cuál era la necesidad inicial? ¿Qué funcionó bien durante el proceso? ¿Qué haría de otra forma? Revisad juntos los hechos y acordad qué nombre, texto e imágenes se pueden publicar. Un matiz crítico puede hacer que la opinión resulte más útil al lector.

Después, facilita la lectura. Empieza por la necesidad del cliente, explica tu enfoque con palabras sencillas y muestra el trabajo cuando sea posible. Conserva sus palabras reconocibles como suyas. A mí me convence menos una cita anónima y genérica, sin contexto, que un ejemplo modesto que se pueda comprobar.

Un caso no tiene que convencer a nadie por la fuerza. Puede ayudar a alguien a decidir si tu experiencia encaja con su problema. Eso ya tiene valor.

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