En CaPPr estudiábamos si la personalidad podía aportar algo al marketing. En mi artículo original invitaba a los empresarios a pensar en sus mejores clientes: ¿qué les caracteriza y qué palabras o imágenes les atraen? Citaba una entrevista con la investigadora Sandra Matz y nuestras pruebas. Mi afirmación de que esas campañas rendían mucho mejor necesitaba mayor precisión.
Adaptar el mensaje
Puedes escribir distintas versiones del mismo mensaje honesto. Una destaca la seguridad y los pasos prácticos; otra, el descubrimiento y las nuevas posibilidades. Comprueba qué versión entiende realmente mejor un público concreto. No midas solo clics, sino también si después las personas encuentran lo que buscaban.
Una investigación de Matz y colegas mostró en experimentos concretos que los mensajes ajustados a rasgos psicológicos podían cambiar comportamientos. No demuestra que puedas predecir a cada cliente a partir de un perfil. Los resultados dependen del público, el mensaje y cómo se mide.
Respeta a las personas tras los datos
Usa solo información recogida de forma clara y permitida. La personalidad tampoco es una etiqueta permanente. Mi lección práctica es poner a prueba supuestos sobre el público, comunicar con claridad y examinar diferencias sin reducir a las personas a una puntuación. La antigua prueba y el formulario de mi artículo no son una vía de registro actual.