En mi primer artículo sobre Mailchimp me llamaba la atención lo fácil que era para una pequeña empresa empezar con el marketing por correo. Los visitantes podían inscribirse desde la web; después podías enviar mensajes, crear grupos y revisar resultados. Los precios y límites gratuitos de entonces han cambiado. El método de fondo sigue siendo útil.
Empieza por el lector
Explica en el formulario qué recibirá la persona. Una lista de correo no es un conjunto de direcciones encontradas por casualidad. El destinatario necesita un motivo para querer leer el mensaje y una forma sencilla de darse de baja. La autoridad neerlandesa ACM explica las normas contra el correo no solicitado; revísalas antes de iniciar una campaña.
Después puedes registrar preferencias o características. Mailchimp explica cómo utilizar grupos, etiquetas y segmentos para enviar mensajes pertinentes a distintos contactos. Es más útil que mandar automáticamente la misma oferta a todo el mundo.
Mide con criterio
Los informes de Mailchimp muestran entregas, aperturas y enlaces pulsados. Usa los datos para preguntar qué contenido ayuda y dónde se pierde el interés. Un clic no es un fin por sí mismo. Para un boletín pequeño, responder bien a una pregunta real suele importar más que montar una campaña complicada.