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Más allá de la adicción

Muchos desarrollamos formas de pensar que incluyen juicios duros sobre nosotros mismos. Reconocer esos patrones puede ayudarnos a empezar a cambiarlos.

Tomar conciencia de la autocrítica puede provocar otra ronda de lo mismo: nos juzgamos por seguir atrapados en ese patrón.

En Más allá de la adicción, Jan Geurtz sostiene que todos cargamos con creencias negativas sobre nosotros mismos. En algunas personas son más fuertes o más difíciles de detectar que en otras.

Hablo de pensamientos como estos:

  • Soy estúpido
  • Soy tonto
  • Soy débil
  • Soy malo
  • No sirvo para nada
  • No soy lo bastante bueno
  • No encajo aquí
  • Soy un fracaso
  • Soy egoísta
  • Soy mediocre
  • Soy un cobarde
  • Soy perezoso
  • Soy raro
  • Soy feo
  • Soy del montón
  • Soy un perdedor

La lista es interminable.

Nadie nace con creencias negativas sobre sí mismo. De bebés ni siquiera tenemos conciencia de nosotros mismos, mucho menos una opinión negativa.

Geurtz sugiere que la identidad de un niño se desarrolla en parte al descubrir los límites de su libertad para expresarse. Es un proceso de desarrollo completamente natural, ya que, después del nacimiento, madre e hijo se van separando cada vez más.

A partir de ahí aumentan los rechazos que el niño debe afrontar cuando aprende que no siempre puede expresarse libremente y qué comportamientos se aceptan.

Los límites son una parte normal de la crianza.

En esta etapa aparecen las primeras creencias negativas y los pensamientos de la lista anterior. Según esta visión, es una parte necesaria y natural del desarrollo de la identidad.

Según Geurtz, ni siquiera unos padres cariñosos pueden impedir que arraiguen todas las creencias negativas.

Eso no significa que todos los niños hayan tenido una infancia terrible. En la mayoría de las personas, la identidad que han desarrollado no causa problemas hasta la edad adulta, y ni siquiera se dan cuenta de ello.

Esas creencias tempranas pueden acompañarnos hasta la edad adulta.

https://twitter.com/FitFounder/status/1317072386953445380

Geurtz describe la identidad como una construcción que puede ocultar la sensación de no ser lo bastante bueno. Una construcción basada en un error nacido del rechazo que sentimos de nuestros padres cuando éramos pequeños.

A lo largo de la vida, hacemos todo lo posible para ocultar a los demás esa falsa imagen negativa de nosotros mismos. Las maneras de esconder ese sentimiento también pueden reforzarlo. Según Geurtz, ese es un posible camino hacia la adicción.

Nos volvemos adictos a ocultar la ilusión de esa creencia negativa, pero en realidad la adicción hace que nos sintamos peor con nosotros mismos cada vez que cedemos a ella.

Algunas adicciones habituales son:

Estos hábitos pueden distraernos de sentimientos incómodos y ofrecernos recompensas rápidas, aunque con el tiempo nos causen problemas.

Algunas personas intentan escapar del malestar comiendo constantemente en busca de satisfacción inmediata.

Otras se sienten tan solas que intentan ocultárselo buscando relaciones y haciendo lo que sea para mantenerlas, por miedo a que las abandonen.

Otras no están satisfechas con su vida y buscan fuentes externas de felicidad, como las loterías y las máquinas tragaperras, porque no tienen suficiente autoestima para cambiar las cosas por sí mismas.

Algunas empiezan a fumar para librarse de pensamientos obsesivos desagradables, pero terminan generando más.

Y quizá la adicción más común hoy sea la del teléfono móvil y las redes sociales. En los momentos de calma, podemos echar mano del móvil para escapar del malestar.

Esa es la ilusión que Geurtz nos invita a reconocer.

Cuando detecto el patrón, tengo la oportunidad de responder de otro modo: actuar según lo que me importa, en vez de hacerlo según una vieja creencia sobre mí mismo.

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