A veces dicen que estoy obsesionado con lo que hago, como si eso fuera algo malo. En realidad, creo que la obsesión es necesaria si de verdad quieres alcanzar tus objetivos.
A nadie le importan tus objetivos tanto como a ti.
Si haces lo mismo que todos los demás, puede que obtengas los mismos resultados. Si quieres destacar en algo, tienes que esforzarte más que los demás. Ahí es donde entra en juego la concentración sostenida.
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- Cuando quiero que mi propio negocio prospere, trabajo cada día para mejorar algo, y llevo diez años haciéndolo. Ahora mismo llevo una racha de 231 días corrigiendo errores, añadiendo contenido y haciendo mejoras en general. Sin fines de semana ni vacaciones: cada día tiene que mejorar al menos una cosa. Ese trabajo ahora me proporciona unos buenos ingresos.
- Cuando quiero mejorar mi composición corporal, nunca falto a un entrenamiento. Nunca me he saltado ni un solo ejercicio. Estudio nutrición hasta entender los fundamentos y como de forma saludable en todas las comidas. Resisto la presión social para beber alcohol o comer porquerías. Y no me importa gastar dinero en un buen entrenador personal. Estoy empezando a ver resultados.
- Cuando quiero aprender español, voy a todas y cada una de las clases. Nunca he faltado a ninguna. Hago los deberes, planteo preguntas y contrato a un profesor particular de español. Ya hablo el idioma con bastante fluidez.
- Cuando me propongo el reto de escribir 50 artículos de blog en un año, me siento a escribir uno cada semana. Este es el artículo número 31, justo según lo previsto, así que parece que voy a cumplir el reto.
Todo esto da frutos gracias al interés compuesto, un concepto poco conocido pero crucial para el éxito, al que a veces el propio Einstein llamaba «la octava maravilla del mundo». Para eso necesitas hábitos; para tener hábitos necesitas disciplina, y para tener disciplina necesitas obsesión.
Al menos así lo veo yo, quizá porque tengo una personalidad muy concienzuda. Para que todo resulte manejable, intento tener dos obsesiones a la vez, tres como máximo.
Por otra parte, la moderación conduce a la mediocridad y al fracaso. Creo que a veces la gente usa la moderación como excusa para evitar la disciplina, a menudo debido a la disonancia cognitiva y a la brecha de empatía. Sin embargo, nadie ha llegado a estar entre el 5 % de los mejores en ningún campo sin cierto grado de obsesión.
Por eso me obsesiono con mis objetivos hasta llegar adonde quiero estar. Después está perfectamente bien aflojar un poco, pero, para mí, el ocio viene después del trabajo.
