Pasamos horas al día mirando el móvil y, aun así, muchos nos sentimos demasiado ocupados para dedicar tiempo a lo que importa. Yo quería cambiar mis propios hábitos con el móvil.
Dominar lo esencial de la vida requiere tiempo y disciplina. El uso compulsivo del móvil puede consumir el tiempo y la atención que necesito para ambas cosas, mientras sigo persiguiendo recompensas inmediatas.
Cuando me di cuenta de cuántas veces cogía el móvil, empecé a cambiar las condiciones que lo hacían tan fácil.
El informe de tiempo de pantalla de tu móvil es un buen punto de partida.
Estos cinco cambios me ayudaron a reducir ese tiempo a una hora al día, aproximadamente:
- Desactivé todas las notificaciones
- Borré todas las aplicaciones de redes sociales
- No leo el correo en el móvil
- No estoy siempre disponible
- Dejo el móvil en otra habitación
Pruébalos durante un mes y observa qué cambia.
Desactivé todas las notificaciones
Cada notificación interrumpe tu concentración. Yo las desactivé. Si algo exige una respuesta inmediata de verdad, pueden llamarme.
Las empresas que crean aplicaciones quieren que actives las notificaciones. Si pueden avisarte, es más probable que pases tiempo en su aplicación y que ellas se beneficien de tu atención.
Cuando estoy leyendo, quiero leer. Cuando cocino, quiero cocinar. Cuando entreno, quiero entrenar.
Pregúntate qué notificaciones necesitas realmente. En mi caso, solo las de la aplicación del banco.
Borré todas las aplicaciones de redes sociales
Nadie se ha arrepentido al final de su vida de no tener suficientes seguidores en Instagram. Sin embargo, mucha gente vive como si eso fuera lo único que importara.
Las aplicaciones de redes sociales están diseñadas para engancharte y hacerte sentir inseguro e insuficiente. Sigues desplazándote por la pantalla mientras el tiempo vuela.
Y, sin embargo, casi nunca ocurre nada importante en ellas. Solo te hacen sentir peor y te provocan FOMO.
Borrar esas aplicaciones del móvil ya resuelve la mitad del problema. Deja de entrar y observa cuánto tiempo recuperas.
Elige bien tus redes. Si una aporta poco a tu vida, plantéate dejarla.
No leo el correo en el móvil
Un correo electrónico nunca es urgente.
Si fuera urgente, no habría llegado por correo.
¿Por qué leer el correo mientras estás con amigos, cenas o haces ejercicio?
Hace unos años borré Gmail del móvil y suelo consultar el correo solo dos veces al día. Respondo a todos los mensajes de una vez y añado las nuevas tareas a mi lista pública de pendientes.
No estoy siempre disponible
La mensajería instantánea es una buena forma de mantener el contacto con los amigos, pero también puede consumir muchísimo tiempo.
Los mensajes pueden no terminar nunca. Cuanto antes respondo, más tiempo me exigen.
Si no estoy disponible todo el día y leo los mensajes solo dos o tres veces al día, la gente no se acostumbra a recibir respuestas inmediatas.
Es una forma de establecer expectativas.
Si respondes al instante siempre, los demás esperan que lo hagas siempre y acabas escribiendo mensajes a todas horas.
Dejo el móvil en otra habitación
El 71% de las personas duerme con el móvil en la mano, en la cama o en la mesita de noche, y el 40% lo consulta en el baño.
Una pequeña barrera hace más difícil cogerlo sin pensar.
Por eso dejo el móvil en otra habitación durante el día. Tener que caminar hasta allí para mirarlo hace que me dé cuenta del impulso. Esa pequeña pausa me ha ayudado a reducir el tiempo de pantalla.
